Historia y evolución de la R.·. L.·. Minerva-Lleialtat

 

“De este modo la masonería se convertirá en un centro de unión y es el medio de establecer relaciones de amistad entre personas que, fuera de ella, hubieran permanecido separadas entre sí.”

Constituciones de Anderson, 1723

 

Perfil histórico

El proceso de recuperación de la normalidad en la vida civil y asociativa posterior al final de la dictadura franquista se vive más lentamente y con mayores imprecisiones en la francmasonería que en otros ámbitos. En nuestro caso, había que superar no tan sólo el corte histórico con los referentes del pasado, la forzada desmemoria y la escasa fuerza de la cultura democrática, sino también el vacío generacional, profundo y amplísimo, que, desde 1939, había interrumpido la cadena activa en la vida de las logias masónicas. Y, por tanto, había que recuperar, además de la legalidad indisociable a toda organización de la vida civil democrática, los métodos de trabajo, que únicamente podían proceder del contacto con quienes regresaban del exilio –fundamentalmente, México y Francia- y del posible apoyo de hermanos de otros ámbitos territoriales –preferentemente, y obviamente por razones de proximidad geográfica en el caso de Cataluña, de las logias francesas. Es así como, a partir de 1976, se establecen los primeros contactos que, tras pasar por muchas precariedades de infraestructura –como, por ejemplo, el hecho de tener que reunirse, para trabajar masónicamente, en algún garaje privado de la comarca del Baix Llobregat- permitirán, entre 1977 y 1979 (fecha de la definitiva legalización de la masonería en España) dar lugar a la formación de la logia Minerva-Lleialtat nº 1, así denominada en recuerdo de la que fue la antigua logia Lealtad de Barcelona que, antes de la ruptura de la continuidad histórica, se reunía ya en el mismo edificio que volverá a ser de nuevo su sede.

El nº 1 obedece al hecho de ser la primera logia reconstituida de lo que será la Gran Logia Simbólica Española, inscrita en el registro del Ministerio del Interior en 1980. En estos años iniciales cabe remarcar la energía moral y los esfuerzos, personales y humanos, de los hermanos Rafael Vilaplana y Ginés Alonso que, entre otros, trabajarán para hacer posible la existencia de un taller masónico dotado de los elementos materiales indispensables y caracterizado por una vocación universalista de dedicación activa a la reflexión desde perspectivas preferentemente humanistas y sociales. Es este el talante que la logia ha pretendido mantener hasta la actualidad.

Esta perspectiva de interés por el humanismo y el compromiso activo con los valores del progreso democrático y la extensión universal de los derechos humanos, civiles, políticos, económicos y culturales, que no excluye en absoluto –sino que implica- el rigor metodológico en el uso de las herramientas rituales y la apertura de los lenguajes simbólicos a la práctica del librepensamiento, han configurado un modelo de vida masónica que se mantiene, hasta la actualidad, como un núcleo de actividad dotado de personalidad propia que se irradia en todos sus posibles ámbitos de referencia.

No ha sido, pues, fruto de la casualidad, que de esta logia hayan surgido los primeros impulsos de colaboración con entidades sociales y organizaciones no gubernamentales de reconocido talante humanista y progresista, igualmente comprometidas con la opción de la extensión universal del derecho a la libertad, a la igualdad de oportunidades y a la felicidad, y que haya sido, también, uno de los primeros talleres masónicos en abrir sus puertas a la participación de conferenciantes ajenos a la francmasonería. Como ejemplo, podríamos citar que, desde 1989 en adelante, hemos compartido sesiones de trabajo con personalidades como Mª Aurèlia Campmany, Heribert Barrera, Josep Vargas (fundador en España de Médicos sin fronteras), Paco Candel, José Chamizo (entonces Defensor del Pueblo de Andalucía), o Antoni Farrés y Manuel Royes (alcaldes respectivamente, en aquel momento, de Sabadell y de Terrassa). Por otra parte, la logia vela, en el transcurso de la segunda mitad de los años ochenta, por la adaptación del método rituálico a la circunstancia social y cultural del país y del entorno en que se siente arraigada, procediendo a la catalanización de sus instrumentos rituálicos. No es, tampoco, ninguna casualidad, que sea esta logia la que realiza la propuesta, al inicio de la década de los noventa, de adecuar de manera definitiva la vida masónica a la participación de las mujeres, ausentes todavía en aquel momento en función del mantenimiento de las interpretaciones tradicionales de funcionamiento interno de los talleres y las entidades masónicas.

El resultado de estos compromisos ha sido altamente positivo y, por tanto, la logia Minerva-Lleialtat nº 1 se ha sentido satisfecha e invitada a mantener y a potenciar, en sus trabajos, un ritmo y un empeño centrado en la construcción de una sociedad lo más libre, lo más igual y lo más fraternal posible.

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